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jueves, 27 de agosto de 2009

La desgracia y el vicio

No caben dudas de que se ha dicho, escrito, impreso, gritado o gemido todo sobre la desgracia, salvo que nunca es la desgracia la que habla, sino cualquier charlatán dichoso en nombre de la desgracia; por otra parte, aquí se podría acusar en ese innoble sentido, es decir, hablar de desgracia como se habla de cortesía (tendríamos la conciencia sucia de ser unos groseros).
Se trataría de decir, escribir, imprimir, gritar, gemir que el vicio es una terrible desgracia, que el vicio es un abuso solapado y presuntuoso de su triste persona, que el vicio vestido de rojo es un magistrado o un cardenal, un policía antes que un asesino, en todo caso algo que reviste todo el siniestro y turbio aparato de la desgracia, lo que quiere decir también que, por supuesto, la desgracia es todo lo hipócrita y lo mudo. Además, las calles que nos gustan tienen la cara de la desgracia y uno mismo sólo pasa por ellas con figura de perro sarnoso. Más allá, nadie podría decir dónde y ni siquiera cuándo, cualquier cosa seguramente será posible, es decir que el enigma planteado por la desgracia se verá insolentemente resuelto bajo la forma del vicio. Motivo por el cual tan a menudo se dice: no hablemos de desgracias...

martes, 24 de junio de 2008

¿Piensan las máquinas?

Las nuevas sociedades informatizadas o posindustriales han pasado de los recursos de la tierra y el capital a la economía de los servicios y las telecomunicaciones. La cinematografía y la ciencia ficción han generado entusiasmos y recelos sobre el uso de los ordenadores, nuevos sentimientos y miedos ante una tecnología capaz de simular lo que hasta ahora se consideraba la parte más recóndita del hombre, su cerebro.
Desde los medios académicos que hoy trabajan con la inteligencia artificial se han hecho afirmaciones petulantes que han provocado debates en algunos casos innecesarios. ¿Piensan las máquinas? Con las tecnologías inteligentes nos enfrentamos al eterno debate de si las cosas son usadas o nos usan.
Lo importante es no rechazarlas generando fantasmas, mitologías y miedos, sino entenderlas para saber darles batalla si fuese necesario. La ciencia no es el problema, somos nosotros el problema. No podemos fabricar un enemigo de objetos y cuestiones que en sí son absolutamente neutras. En la actualidad, la antropología cognitiva destaca el error de diseñar máquinas pensando que sólo generamos otro instrumento más, y por lo tanto el comportamiento humano no puede obviarse en los nuevos diseños científicos y tecnológicos.
Más allá de utopías y hermosas ideologías, el futuro existe como probabilidad y la conciencia planetaria solo puede conseguirse con la intervención de la razón, la imaginación y la voluntad.