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sábado, 18 de octubre de 2008

Sed de sangre

Hace mucho tiempo que se atribuye a la sangre humana una serie de místicas propiedades curativas.
En el pasado, la gente bebía este fluido en un intento desesperado de curar sus dolencias.
Un moderno investigador, sin embargo, lanzó no hace mucho la teoría de que en algunos casos el deseo de consumir sangre puede haber constituido el síntoma de una enfermedad, y que los llamados vampiros que ha habido en la Historia podían haberla padecido.
Esta enfermedad, la porfiria, es un trastorno sanguíneo, hereditario y poco frecuente, que se caracteriza por la presencia de anemia.
Hoy día la porfiria tiene tratamiento, pero el investigador sugirió que la necesidad de superar los efectos de una anemia severa puede haber llevado a beber sangre a algunas de las primeras personas que la padecieron.
Entre los síntomas de esta enfermedad se incluyen la extrema sensibilidad a la luz del sol, así como una retracción de las encías que pone al descubierto los dientes: ¿os suena?: los clásicos rasgos del vampiro.

martes, 8 de julio de 2008

Teoría holográfica del cerebro

El cerebro funciona como un holograma. Al extirpar una parte del cerebro no se pierde la memoria, pues no está localizada en ninguna zona específica, sino repartida por toda la masa cerebral.
Un holograma es una imagen tridimensional hecha con la ayuda de un láser. El holograma tiene como propiedad el hecho de contener toda su realidad en cada una de sus partes. El modelo holográfico del cerebro explica que cada porción del cerebro contenga la totalidad de las memorias cerebrales.
En la teoría del "orden implicado", las partículas subatómicas no son entidades individuales, sino extensiones de algo holístico, básico, que llaman el orden implicado. Esta teoría responde, al igual que la del cerebro anterior, al modelo holográfico. De la fusión de ambas surge una teoría más amplia, según la cual el cerebro es un holograma que interpreta un universo holográfico.
Existe, según esta teoría holográfica global, un orden en el universo. No hay en realidad ondas o partículas, sino un orden implicado que genera ondas y partículas. El orden implicado lo contiene todo y no radica en ninguna parte, sino en las interconexiones, en la interrelación. Por eso, pienso que la memoria está codificada, no en las neuronas, sino en los impulsos nerviosos que atraviesan todo el cerebro.
Hablar de holograma es, una vez más, recurrir a la metáfora. Como tal nos ayuda a seguir caminando, es un paso para imaginar el funcionamiento del cerebro.
Cuanto más compleja es la estructura, mayor es su capacidad de libertad.